Es un letrero común que habla en plural y deja sin historia a quienes ahí abajo están. Pese a todo lo que ocurrió y a las atrocidades del nazismo, aquel cementerio fue el lugar que más me impresionó de toda la ruta. Recuerdo ver tantas y tantas fechas de muertes que no llegaban si quiera a los 20 años.
Allí estaba claro que no había nada que celebrar, y por eso las cruces eran marrones y la mezcla de colores era oscura. Y una frase introducía al visitante antes de pasar al cementerio, diciendo algo así como que no todos los que ahí estaban habían elegido la causa o la lucha, y que también ellos habían encontrado el descanso en el suelo de Francia.
Eso es la guerra. Historias sin nombre, vencedores y vencidos. Cruces ancladas a la tierra, oscuras para algunos, blancas y radiantes para otros. Lugares marcados para siempre por lo que la condición humana decretó, con o sin razón. La naturaleza desvalida por los avances tecnológicos que se alinearon con la destrucción y no con la creación. Pero, tras los años, en aquellas playas las gaviotas siguen posándose en la arena ajenas a lo que ocurrió, y el musgo se ha hecho con el hierro de lo que un día sirvió de puerto militar.
La naturaleza construye siempre lo que el humano destruye.









