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Raúl Portero Lozano | Web personal


El pasado miércoles 15 de abril presentamos 'De viernes a abril' en la Biblioteca Pública José Saramago, del barrio de La Vaguada en Madrid. El acto estuvo presentado y conducido de nuevo por la periodista y también escritora, Alicia Plaza Huélamo.

Fue una tarde especial que compartí con grandes amigos y compañeros de profesión. Profundizamos sobre qué trata te transmitir el poemario, hablando del desarraigo, de la muerte, de los momentos fugaces y de todas esas cuestiones que aparecen en los poemas.

Estoy enormemente agradecido a todos los que quisieron estar presentes y arroparon este primer proyecto literario.


El pasado martes 7 de abril fue la primera presentación del libro 'De viernes a abril'. No podía haber sido en otro lugar que no fuera Medina de Rioseco, y no podía haber sido de otra manera que no fuera de una forma distendida y cercana. Por eso el acto tuvo lugar en la Cervecería The Irish River con un café de por medio.

Después de la presentación, varios autores riosecanos compartimos impresiones sobre aquello del escribir, sobre lo que nos motiva e inspira, y sobre como está el mundo de la escritura. Participamos a parte de un servidor, Patricia García Herrero, Luis Ángel Lobato y Javier Martín Lorenzo, y el coloquio fue conducido por la periodista y también escritora, Alicia Plaza Huélamo.

En este vídeo se puede disfrutar íntegramente de todo lo que comentamos y reflexionamos.


Lanzo 'De viernes a abril', un libro que supone un regreso y un paseo por la memoria donde he tratado de volver atrás muy despacio, sin dejar de pensar en el futuro. Donde regreso a los veranos interminables, a aquellos lugares intactos, y a escuchar de nuevo algunas voces que se fueron.

Desde la Tierra de Campos, y robándole a este lugar único en la Tierra, un ciclo lunar de un mes de abril, trato de poner palabra a la estrecha línea del paso de la nostalgia a la celebración, de la identidad al desarraigo, y a todos esos sueños coloridos de un muchacho que hoy ve desde la belleza discreta de lo vivido.

Espero de corazón, que si deseas leerlo, disfrutes como yo lo he hecho escribiendo y recordando, de cada frase y de cada página.

Puedes encontrar el libro en distintas plataformas de internet, en las webs de distintas librerías y en la página oficial de la editorial La Cueva del topo, quien ha editado el libro.

ACCESO A MATERIAL PARA PRENSA

Despedir un invierno desde lo alto de una roca. Donde la ingeniería fue capaz de mantener una inmensa Abadía, visitada a diario por gaviotas y pájaros que siguen sorprendidos por aquella estructura.

Un castillo en mitad del mar que se cubre de agua cuando sube la marea, y se seca, dejando ver las huellas de quienes pasaron, muchas otras veces al año.

Un adiós al invierno también desde Honfleur. Desde su puerto de casas de madera, y desde una brisa helada con la que da los buenos días el brazo del Atlántico que presta al Canal de la Mancha.

Adiós al invierno desde el Bayeux de De Gaulle. Desde sus calles donde paseó hace unos cuantos años entre vítores de los franceses. Desde las agujas de su increíble catedral, y desde el sonido de los canales de agua que atraviesan el centro.

Y adiós al invierno desde Nantes. Con galletas y trozos de Julio Verne. Última parada de un viaje precioso que no estaba pensado para un mes de enero pero que alumbró gran parte del invierno.

"Si es que... seguro que ahora estará todo mucho más bonito." O no, quien sabe. Normandía siempre será parte de un trozo de invierno.


“Zwei deutsche soldaten”, dos soldados alemanes. Esta frase aparece tallada en miles de cruces que marcan el suelo del cementerio que cedieron los Estados Unidos a la comunidad alemana, para que tuvieran un lugar donde ir a buscar a familiares y antepasados que murieron en Normandía durante la liberación de Francia.

Es un letrero común que habla en plural y deja sin historia a quienes ahí abajo están. Pese a todo lo que ocurrió y a las atrocidades del nazismo, aquel cementerio fue el lugar que más me impresionó de toda la ruta. Recuerdo ver tantas y tantas fechas de muertes que no llegaban si quiera a los 20 años. 

Allí estaba claro que no había nada que celebrar, y por eso las cruces eran marrones y la mezcla de colores era oscura. Y una frase introducía al visitante antes de pasar al cementerio, diciendo algo así como que no todos los que ahí estaban habían elegido la causa o la lucha, y que también ellos habían encontrado el descanso en el suelo de Francia.

Eso es la guerra. Historias sin nombre, vencedores y vencidos. Cruces ancladas a la tierra, oscuras para algunos, blancas y radiantes para otros. Lugares marcados para siempre por lo que la condición humana decretó, con o sin razón. La naturaleza desvalida por los avances tecnológicos que se alinearon con la destrucción y no con la creación. Pero, tras los años, en aquellas playas las gaviotas siguen posándose en la arena ajenas a lo que ocurrió, y el musgo se ha hecho con el hierro de lo que un día sirvió de puerto militar. 

La naturaleza construye siempre lo que el humano destruye.


Las fotografías siguen hablándonos de lo que un día algo fue. De cómo cambiaron los lugares. De cómo la historia y el humano esculpió la realidad. 

Sin duda somos auténticos privilegiados de haber nacido y vivido en un tiempo distinto, donde los pilares de la sociedad están claros, o al menos lo estaban hasta hace poco. Pero ese privilegio nos hace cargar también con la necesidad de poner esos trozos de papel unos encima de otros. 

Encima de imágenes actuales, con mayor resolución y llenas de color. Opacando los tiempos y las circunstancias para entenderlas y recordar que lo conseguido, después de mucha pérdida, no ha estado ahí eternamente.

Ese ha sido el gran aprendizaje de este viaje. 

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