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Raúl Portero Lozano | Web personal


Un anillo une el horizonte de las dos ciudades de Montreal. La vieja, que mira hacia el Mont Royal del que recibe el nombre, y la nueva, que enmarca el músculo económico de rascacielos acristalados. 

Es un anillo de compromiso, porque ninguno de los grandes edificios modernos puede ser más alto que el propio Mont Royal. Aunque nadie dijo nada de crecer hacia abajo. Quizás por eso Montreal tiene la ciudad subterránea más grande del mundo.

Ese anillo lo guardan como una gran joya en alguna de las cámaras del Banco de la ciudad, que custodió también el oro inglés durante la IIGM. Es parte de un tesoro hoy simbólico que le hace ser la segunda ciudad más grande de Canadá pero que, en cambio, sus avances y vanguardias no le han servido para ser capital administrativa de nada, ni siquiera de su región. 

Sí lo es del deporte y del arte, y ese mismo anillo es parte de los espectáculos que habitualmente se ven en la carpa del Cirque du Soleil y sirvió de regla para el curvado y estrecho trazado del circuito Gilles Villeneuve, con su muro de los campeones en la isla artificial de Notre Dame.

Aquel anillo nos mostró el inicio de un viaje circular por la historia, la naturaleza y las diferencias sociales y culturales que hay en Canadá. 


La Feria del Libro de Palencia fue la última parada de la gira por las ferias del libro junto a 'De viernes a abril'. Un recorrido que me ha dejado experiencias y recuerdos que guardaré con mucho cariño. Cada feria ha sido diferente, pero todas han compartido algo fundamental: el encuentro directo con quienes hacen que los libros cobren sentido.

Cerrar esta gira en Palencia me permite mirar atrás y valorar todo lo vivido durante estos meses. Han sido días intensos de literatura, cultura y, sobre todo, de personas. Quiero agradecer a todos los lectores que se han acercado, a las organizaciones de las distintas ferias y a quienes han hecho posible este recorrido. Termino esta gira con la satisfacción de haber llevado mi obra a nuevos lugares y con la ilusión renovada de seguir compartiendo historias allá donde los libros vuelvan a abrirnos las puertas.

De unas semanas recorriendo España viendo la emoción de muchos ante la llegada de ese eclipse que nos maravilló.

Es cierto que también, para otros tantos, la turra ha llegado a ser considerable, pero que el sol y la luna hayan querido deleitarse ante nuestros campos, ante nuestras casas, ante los pueblos en fiesta, ante un verano apurado, y ante nuestros ojos... es algo que hay que celebrar.

Y la acción fue como lo es la esencia de nuestros días: breve y concisa, sin parpadear. Ninguna milésima de segundo fue igual a la anterior.

"Lo espectacular de esto es que tanto tiempo antes pudiéramos calcular que esto iba a pasar", decían algunos, y aún siendo así, asusta por dentro el saber lo poco que sabemos de la inmensidad del exterior.

Eso fue lo verdaderamente espectacular, volver a sentirse microscópico en un universo inmenso que todos los días nos recuerda que el sol nace y muere, y que pase lo que pase, lo seguirá haciendo.


Inicio una etapa muy ilusionante como reportero del programa de TVE 'Aquí la Tierra', uno de los más icónicos de la parrilla de la televisión pública. Un programa que mira a nuestro planeta, a nuestro país, a sus costumbres y a nuestra forma de vivir.

Cambiamos el tono después de un periplo de cinco años en informativos pero mantenemos la mirada de un periodismo cercano y sincero, recorriendo España de arriba a abajo buscando esas pequeñas historias que siempre merece la pena ser contadas.

Desde ahora, mis trabajos podrán verse en la web del programa y en mi canal de YouTube.

Gracias a todo el equipo de RTVE por la confianza en mi para esta nueva aventura.


Participar en la Feria del Libro de Valladolid tuvo para mí un significado especial: volver a mi tierra para compartir mi obra con los lectores. Valladolid no es una ciudad más en mi recorrido, es parte de mi historia, de mis viajes desde Medina de Rioseco. Poder sentarme a firmar libros y conversar con quienes se acercaron fue una de esas experiencias que se viven con una emoción diferente, porque hacerlo en casa siempre tiene un valor añadido.

Vuelvo una vez más a ensalzar el enorme papel que desempeñan las ferias del libro como espacios de encuentro, cultura y celebración de la lectura, pero también agradecer de corazón la acogida recibida en Valladolid. Volver a mi tierra de la mano de los libros ha sido una experiencia muy especial, una oportunidad para reencontrarme con mis raíces y, al mismo tiempo, seguir compartiendo con los lectores aquello que nace entre las páginas.


Dentro de la gira por las distintas ferias de libros de España, tuve la oportunidad de participar en la Feria del Libro de Cuenca, también conocida como Cuenca Lee. Una experiencia que me permitió volver a vivir de cerca esa conexión tan especial que se crea entre los libros y sus lectores. Compartir una jornada de firmas, conversaciones e intercambio de impresiones en una ciudad con tanta riqueza cultural fue, sin duda, una experiencia muy enriquecedora.

Es fundamental este tipo de encuentros para acercar la literatura a la ciudadanía y reivindicar el papel de las ferias del libro como espacios de cultura, diálogo y participación. Cada firma, cada conversación y cada lector que se acerca convierte estos días en algo mucho más especial que una simple presentación: son momentos que nos recuerdan por qué merece la pena seguir escribiendo y leyendo.

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